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La infinitud de los Soles

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Giordano Bruno creyó en la infinitud del universo, en la ininterrumpida multiplicación de los seres y los mundos continuamente transformados. En los llamados «diálogos italianos» publicados a finales del siglo XV en Londres, Bruno expone una concepción del cosmos que rompe radicalmente con el sistema heliocéntrico de sus predecesores y que se resume en una imagen sobrecogedora sobre la que vuelve una y otra vez: innumerables tierras girando alrededor de innumerables soles. A esta novedosa descripción del universo le corresponde una manera también novedosa de concebir el concepto clásico de materia. Para Bruno la materia no es aquello que recibe pasivamente una forma, sino que, dado que participa de la vida infinita del cosmos, posee un carácter actual y dinámico. En otras palabras, la forma no se impone a la materia, es ella misma materia. Antoni Tàpies y Jannis Kounellis, dos artistas a los que unía una gran amistad comparten con Giordano Bruno un mismo entusiasmo ante la extrema infinitud de los mundos y los soles. A lo largo de todos sus trabajos se hace patente un demorado y compartido esfuerzo para percibir el movimiento creador de la materia bajo la fijación de las formas. Se trata de un esfuerzo por devolverle a la materia misma todo el movimiento de la creación del que participa una generación de artistas y que Germano Celant quiso destacar en una exposición retrospectiva realizada en 2002 en la Tate Modern titulada Zero to infinity: Arte Povera 1962-72. En el tercer fragmento dedicado a Tàpies en Material memoria el poeta Jose Ángel Valente medita sobre esta metafísica del infinito de la materia que aparece en la obra del pintor catalán con palabras que podrían también estar dedicadas a Kounellis: «Presencia radical de la materia que llega a la forma, pero que es sobre todo formación: formas que se disuelven a sí mismas en la nostalgia originaria de lo informe, de lo que en rigor es indiferente al cambio y puede, por tanto, cambiarse en todo, ser raíz infinita de todas las formas posibles». En las propias reflexiones de Tàpies esta concepción de la materia se identifica con lo fragmentario, lo inacabado y lo insinuado, es decir con una visión del mundo en la que devenir no es llegar a ser sino el estar siempre llegando a ser. En «Comunicación sobre muro», Tàpies describe su proceso de trabajo en unos términos cercanos al universo de Bruno: «los millones de furiosos zarpazos se convirtieron en millones de granos de polvo, de arena [...]. Sugestión de raras combinaciones y estructuras moleculares, de fenómenos atómicos, del mundo de las galaxias, de imágenes del microscopio. Simbolismos del polvo […] de la ceniza, de la tierra de donde surgimos y a donde volvemos». Georges Bataille se refiere en uno de sus escritos a la pintura de Joan Miró como «polvo de soles». Se trata de una imagen que podría servir también como emblema de la relación entre pintura y materia en las obras de Tàpies y Kounellis. En la obra de este último, donde los elementos inorgánicos proporcionan la estructura y los orgánicos la sensibilidad, la ceniza y el carbón ocupan un lugar central en tanto que procesos de decantación y transformación. Sin embargo, hay otra serie de obras más cercanas a la estremecedora visión del cosmos y la materia de Bruno que sirve como hilo conductor de esta exposición. Se trata de un grupo de obras realizadas a finales de los sesenta con bombonas de gas y sopletes encendidos dispersos por el suelo. No se me ocurre una puesta en escena más ajustada a la infinitud de los soles como metáfora del asombro ante una materia en continua metamorfosis que los millones de granos de polvo de Tàpies y los fuegos de Kounellis.

Javier Sánchez Martínez

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Desde el 26 de marzo