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SLATER BRADLEY
THE GATES OF MANY COLORS

THE GATES OF MANY COLORS

¿Puede El Artista, como arquetipo, conectar nuestras realidades seculares contemporáneas a un conocimiento más trascendental que incorpore nuestra sabiduría, nuestros sistemas e incluso nuestras profecías milenarias? En el último conjunto de obras del artista estadounidense Slater Bradley, The Gates of Many Colors, el artista (El Artista) asume el papel de un adivino; un camino hacia el conocimiento que ha aprendido a percibir en profundidad a lo largo de sus últimos años de reflexión y autoaprendizaje de múltiples religiones y ramas de la metafísica. Tal conocimiento se pone de manifiesto en su último trabajo.

Ocho fotografías digitales, trasladadas a lienzos de dos metros de altura, presentan ocho puertas de la antigua muralla de Jerusalén a modo de estructuras monumentales. Las imágenes de las puertas y las murallas que las rodean prácticamente llenan los planos pictóricos, revelando elementos del día a día, como coches aparcados y grafitis. Sin embargo, las fotografías han sido modificadas: en la mayoría de ellas, el cielo tiene un color acrílico liso y vivo, aplicado directamente a estas fotografías sobre lienzo, mientras que la puerta muestra otro color. Los tonos claros (rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta) también se armonizan con los colores simbólicos del sistema chakra que las religiones del hinduismo y el budismo atribuyen a las ruedas energéticas que se esconden bajo el cuerpo sutil. La progresión de colores culmina su trascendencia a través del chakra coronario, situado en la parte superior de la cabeza, y conecta lo humano con lo divino. Bradley explica que en The Gates los colores también hacen referencia al personaje bíblico de José, undécimo hijo de Jacob y primogénito de Raquel, bendecido con una gran intuición y la habilidad de interpretar los sueños; el padre de una de las doce tribus de Israel. El libro del Génesis de la Biblia (37:3) describe el momento en que José recibió una túnica de muchos colores, lo cual provocó la envidia de sus hermanos, quienes lo vendieron como esclavo mucho antes de que José pasara a ocupar finalmente una posición de poder.

José recorrió un arduo viaje espiritual hacia el conocimiento y la iluminación; los colores secuenciales simbolizan la trascendencia. Bradley añade a esta serie otra capa más de significado milenario, considerando la vieja ciudad de Jerusalén como muchos antiguos lo hicieron en el pasado, como algo análogo al cuerpo. Bradley fotografió las puertas a lo largo de tres días del solsticio de invierno de 2018 (el momento en que hizo las fotografías estaba meticulosamente sintonizado con el ascender matinal de Venus, mientras que la Puerta Dorada del solsticio de invierno estaba alineada con la fuente de tal nuevo conocimiento, la cual Bradley ya exploró anteriormente en su obra SUNDOOR) en una serie de gestos performativos; pasando a través de las puertas como las circunvalaciones meditativas propias de la práctica devocional oriental (a excepción de la Puerta Dorada, un punto de entrada al este que ha estado cerrado desde la Edad Media y que solo se abrirá de nuevo cuando llegue el verdadero mesías, de ahí el cielo negro). Un arcoíris idéntico de hilos cosidos a lo largo del extremo inferior de cada lienzo representa el cimiento de las obras; los extremos de los hilos cuelgan como si de un circuito eléctrico sin conectar se tratara. Su presencia actúa como un símbolo adicional de la colorida túnica de José, pero también de la materialidad del lienzo, acercando el significado sagrado propio de las obras a inquietudes más terrenales.

Lucifer's Shield(2020) procede de la serie Shield de Bradley, creada mediante miles de diminutos trazos de pluma aplicados manualmente con tinta dorada, una clase de monocromo puntillista aplicado sobre una fotografía de la capilla de la Ascensión del monte de los Olivos, donde se dice que Jesucristo ascendió al cielo. Lucifer fue un ángel caído, su nombre no era análogo a la oscuridad sino a la luz. Según Bradley, desde un punto de vista numerológico, José es una referencia en código a Lucifer: Todos aquellos que han poseído todos los colores son los portadores de la luz.

The Gates son portales que conducen a un lugar sagrado reconocido por las tres principales religiones monoteístas; los colores aplicados a las representaciones que Bradley hace de las mismas (las cuales son curiosas y quizá incluso a veces amenazantes, aunque también optimistas) buscan activar nuevas formas de conocimiento entre los visitantes. Juntas y por separado, las imágenes evocan misterios que van más allá de la creencia: Bradley no hace un llamamiento a la fe, sino más bien a la experiencia, como la suya al fotografiar estas imágenes en condiciones especiales (como él mismo dice, en un intento por romper barreras a nivel metafórico). "La humanidad está donde está porque la Puerta Dorada está cerrada", afirma. "Nuestro acceso al mundo espiritual ha permanecido bloqueado por culpa de nuestra búsqueda materialista".

Sus piezas se diferencian de obras cromáticas simbólicas de otros artistas que se han inspirado en o que evocan prácticas espirituales o incluso ocultas, como los bucles y círculos de Hilma af Klint inspirados en lo divino, los campos cromáticos vibratorios de Mark Rothko y las geometrías de Agnes Martin, rigurosas y a la vez meditativas. No son ni abstracciones ni tampoco un intento por eliminar o negar lo terrenal. Más bien utilizan nuestras realidades comunes, fragmentadas y a veces violentas, como punto de partida hacia el desarrollo de una conciencia colectiva e incluso cósmica; hacia un cambio de paradigma lejos de la destrucción, extracción y distracción y hacia la sabiduría y la curación. Hace mucho tiempo que Bradley sabe que hay mucho conocimiento ahí afuera, conocimiento disponible en muchas más formas de las que la mayoría se atreve a reconocer o intenta descifrar. Los antiguos podrían haber descubierto algo importante.

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