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Oliver Osborne
Portrait of a Fat Man


La pintura es, por su naturaleza, una tecnología lenta. Desde que las imágenes comenzaron a reproducirse por medios mecánicos, la pintura se ha enfrentado al reto de seguir el ritmo de una cultura visual cada vez más acelerada. Sin embargo, tales limitaciones son quizá relevantes para su eficacia; limitarse a añadir imágenes lentas y meticulosas a una cultura de imágenes de mucha mayor velocidad puede salvar una brecha en la que las consideraciones formales y la referencia externa se combinan para producir imágenes de gran especificidad y rigor.

Esta exposición toma su título, y algunas de sus imaginerías, de dos óleos sobre panel casi idénticos atribuidos al gran maestro neerlandés Robert Campin. Las dos versiones de Retrato de un hombre robusto datan de 1425 y se encuentran en la Gemäldegalerie de Berlín y en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Me atrajo la idea de trabajar a partir de estos cuadros por la enigmática expresión del retratado, Robert de Masmines, un rostro que, en su inexpresividad, sigue siendo un misterio casi 600 años después. Eso, y el placer de los significados literales y metafóricos de su título, lo convierten en un tema lo suficientemente flexible como para trabajar con él hoy en día.

La pintura puede ser una imagen y también una superficie. La interacción entre estos dos hechos contribuye a distinguirla de otras formas de creación de imágenes, en las que la duda y la perturbación pueden borrarse de la superficie. Los grandes cuadros "blancos" de esta exposición toman como material cambios de tono muy sutiles de la pintura acrílica, aplicada finamente en cuadrículas o franjas y lijada hasta un punto en el que las abrasiones de la superficie producen ruido en el plano pictórico. Como una imagen posterior o una pantalla quemada, una imagen que está ahí si se quiere ver.

La pintura de naturaleza muerta, o algo similar, está representada por los cuadros de plantas. Este tema, al que vuelvo con regularidad, ofrece posibilidades en su maleabilidad. Los cuadros sugieren nuevas composiciones, las ideas migran de un cuadro a otro y, con el tiempo, se han convertido en una forma de auditar o explorar mi enfoque de la pintura. Esta relación entre el lento trabajo que realizamos con nuestras manos y los cambios que se producen en nuestro pensamiento comienzan a unirse, y los cuadros se convierten en un índice de una progresión muy sutil.

Al mostrar estos tres tipos de trabajo juntos espero presentar una propuesta pictórica que refleje una realidad actual en la que el género se disuelve y el flujo de información hacia nuestras pantallas trastoca las certezas de tiempo o lugar.

Oliver Osborne, marzo 2021

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Hasta el 31 de mayo 2021