Del 5 de junio al 11 de septiembre, 2025
Primera exposición individual de Alejandro Campins en la planta baja de la Galería Pelaires
Como ha señalado Rudolf Arnheim, dada la naturaleza de cómo procesamos la información visual-espacial, nuestras mentes organizan espontáneamente lo que vemos en relaciones jerárquicas de dependencia: algunas cosas se entienden como marcos, otras como enmarcadas dentro de esos marcos; algunas cosas son contenedores, otras están contenidas. Percibimos al mosquito unido al elefante, no al elefante unido al mosquito. Esta asignación involuntaria de estructuras jerárquicamente dependientes se extiende también a nuestra percepción de "espacios" no espaciales: espacio temporal, espacio psicológico, espacio intelectual, espacio familiar, espacio emocional, espacio energético, espacio espiritual. Algunas cosas son marcos, otras están enmarcadas dentro de esos marcos; algunas cosas son contenedores, otras están contenidas.
Las pinturas presentes en la exposición Ni mundo interior ni mundo exterior de Alejandro Campins en la Galería Pelaires, ofrecen una alternativa a este fenómeno. En términos compositivos, las obras expuestas siguen un formato básico de estructuras arquitectónicas aisladas y paisajes escarpados. Las estructuras se encuentran en diversos estados de ruina, deterioro y destrucción; los paisajes están despejados y bastante desolados. Podemos reconocer las estructuras como estupas, o estructuras religiosas y simbólicas budistas. Sabemos por los títulos de las obras, pertenecientes a la serie Tíbet, que el paisaje es el del Himalaya, concretamente la región geográfica conocida popularmente como el "Techo del Mundo", la meseta más alta y extensa del mundo.
En la particular metodología de Campins a la hora de la representación de estos elementos básicos es fundamental entender que no podemos decir, como lo haríamos habitualmente, que los objetos están en el paisaje; los objetos están con el paisaje, y el paisaje está con los objetos. No se aplican las nociones de marco y enmarcado, de contenedor y contenido; son iguales, comparten un único campo visual fusionado orgánicamente en el que la relación operativa es más conjuntiva que preposicional. Este efecto se logra no solo a través de los cambios de perspectiva y de la simplicidad de la composición, sino también a través del modo de ejecución, es decir, tanto la forma en que pinta Campins, como lo que pinta. Las superficies están compuestas siempre por numerosas capas, pero con mucha delicadeza; hay poca delineación evidente, predominando una ubicua fusión y mezcla; la gama de colores es apagada y sobria, cercada en tonos tierra y cielo.
En conjunto, la temática y el modo de ejecución de las pinturas de Ni mundo interior ni mundo exteriornos alertan de que Campins no solo representa objetos y espacios físicos, sino más bien, y en consonancia con el budismo tibetano, el espacio espiritual y energético. Y, sin embargo, estas imágenes no son ilustraciones del pensamiento budista, sino el intento de un artista de traducir y, en el proceso de traducción, de transmitir, ese pensamiento. Como resultado, la noción dependiente de marco y enmarcado, de contenedor y contenido, se subvierte no sólo respecto a lo representado, sino incluso a la propia pintura, el óleo, el pigmento y el lienzo, tanto como a las estupas, la tierra y cielo: todo es uno.
Texto de George Stolz
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Alejandro Campins (Manzanillo, Cuba, 1981) vive y trabaja entre Madrid y La Habana.
Sus pinturas evocan estados y espacios oníricos de paisajes inquietantes y estructuras ambiguas. En su obra, la técnica y la imaginería se unen para evocar atmósferas sobrenaturales que sugieren un vacío, pero al mismo tiempo parecen estar cargadas de una carga psicológica tan poderosa como esquiva.
Ejecutado principalmente en pintura al óleo (así como con acuarela y lápiz), el trabajo de Campins muestra un dominio clásico de la línea y la composición y una mayor sensibilidad para los matices y tonos cromáticos. Su pincelada es sutil pero segura y su uso del color es apagado, pero finamente calibrado, produciendo superficies veladas y aparentemente desgastadas que hacen eco del contenido de las imágenes de las pinturas. En el trabajo de Campins, hay una sensación de que el pasado y el futuro se superponen, el recuerdo y la imaginación se entrelazan, la permanencia y la impermanencia coexisten.
Alejandro Campins estudió en la Academia Profesional de Artes Plásticas El Alba (Holguín, 2000) y la Universidad de las Artes (ISA) (La Habana, 2009).
Ha expuesto individualmente en la Fondazione Giuliani (Roma, 2021); el Centro Wilfredo Lam (La Habana, 2018); la Fototeca de Cuba (La Habana, 2016); la Factoría Habana (2012) o la Fundación Ludwig (La Habana, 2008).
Asimismo, ha formado parte de muestras colectivas en el UNAICC - Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba- (La Habana, 2017); en el Teatro Franco Parenti (Milán, 2017); en el Walker Art Center (Minneapolis, 2017), en el The Museum of Fine Arts (Houston, 2017), en el Museum of Art and Design (Miami, 2016) y, en el Museo Nacional de Bellas Artes (La Habana, 2013), entre otros.
Campins fue invitado a participar en la 13ª Bienal de la Habana (2019), la 58ª Biennale di Venezia (2019) y la 11ª Bienal de la Habana (2012).
Su obra forma parte de colecciones como las del Banco de España (Madrid), el Museo Nacional de Bellas Artes (La Habana), el Voorlinden Museum (Wassenaar), la Pizzuti Collection (Columbus), la Maison Européenne de la Photographie (París) o la Daros Latinamerica Collection (Zúrich).
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Proyecto en colaboración con la Galería Elba Benítez.
La Galeria Pelaires ha rebut una subvenció del Consell de Mallorca per a la realització d'aquesta exposició.
