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Frank Nitsche
Backwards Ahead


Durante el último año, el mundo ha estado en modo pantalla. Vemos personas cercanas, paisajes lejanos y arte enmarcado en la escala de la diagonal de la pantalla. Lo importante es lo que aparece en el centro, nos lo enseña la pandemia. Los cuerpos llegan hasta el hombro. La naturaleza se comprende mejor en su totalidad. No lo notamos, pero perdemos el sentido de los detalles, el pelo sin afeitar, el obstáculo en el eje de la pantalla o el desnivel en una superficie.

Frank Nitsche nunca ha sido un pintor de actualidad aparente. No es así porque sus cuadros no llegan rápidamente a un fin. En el transcurso de su creación, suelen cambiar de orientación. A veces, sólo al final, enla pared del estudio, se decide lo que va a estar arriba y lo que va a estar abajo. Sobre todo, sus superficies son tableros que exhiben un incomparable desinterés por la prisa y la claridad. Los relijados, las correcciones, los refuerzos de las líneas y los repintados cambian de forma lujosa más allá de lo reconocible lo que desde el exterior podría parecer convincente a simple vista, pero que en la lógica constructiva del pintor sólo vale como estratificación condensadora. Cada cuadro contiene imágenes perdidas debido a la reelaboración. Enriquecen los lienzos y no se pueden transmitir a ningún medio social de este mundo. Nitsche es un pintor cuya memoria se extiende a lo largo de miles de lienzos y que quizás por ello tiene una libertad tan ágil para modelar espacios pictóricos siempre nuevos en los que podemos suponer todo tipo de cosas (arquitecturas, cuerpos, personajes u objetos del mundo del pop y del consumo) sin poder demostrar nunca tal referencia.

En esta nueva serie, el silencioso absurdo de todas las formas que nos rodean se hace aún más imperceptiblemente palpable que de costumbre. Las caligrafías surgen de los pliegues de la superficie suavemente curvados, o empujan las líneas más allá, como si se tratara de bordes cortados en el cuadro. Las superficies se acercan irritantemente al borde del lienzo como pálidos fantasmas de todos los fotogramas que los soldados del procesamiento digital de imágenes empujan cada día en sus laboratorios de manipulación de un lado a otro. Nitsche equilibra el concentrado mundo de los iconos electrónicos fuera del simple centro. Muestra la riqueza de las estructuras rectangulares que son conscientes de su naturaleza recortada. Construye geometrías que a veces parecen casi vacías, pero que no pasan desapercibidas tras la tercera o cuarta mirada. ¿Por qué no se da la vuelta? La imagen le sigue. No había nada que ver, pero nos atrae. Este enigma tiene que ver con el borde. No existe. Es una ilusión. El mundo del encuadre no es más que un sueño. Mientras se crea este texto en la ventana de un procesador de texto, tal vez a espaldas del autor, el marco en el que se encuentra se desplaza. Se sale de su centro y no se da cuenta. En cada uno de los nuevos cuadros de Frank Nitsche, de formato delgado, la figura visible se desplaza imperceptiblemente a otro lugar o tiene una alternativa sutilmente opuesta e intangible. Cuanto más tiempo estemos encerrados en espacios digitales, mayor será la satisfacción de saberlo.

Gerrit Gohlke, Berlín, marzo 2021.

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Hasta el 31 de mayo 2021