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Lo que el agua deja
Tomás Pizá

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Del 21 de marzo al 29 de mayo, 2026






Exposición individual de Tomás Pizá en Pelaires Cabinet. 

Unyevunyevu

Jaume Reus

La lluvia impregnaba el aire y distorsionaba todo lo que veía. La humedad (unyevunyevu en suajili) estaba por todas partes. Así recibió Wasini, una pequeña y modesta isla de Kenia, a Tomàs Pizà en junio de 2024. La mirada exótica del europeo sufre un primer contacto extraño. El agua del mar, del cielo, del suelo, en el aire, acoge el encuentro del pintor con su primer objetivo: captar la luz y el paisaje. Un paisaje salpicado de frágiles construcciones y en un estado semisalvaje y de abandono del espacio público, con demasiado plástico.

La serie de dibujos a tinta de pequeñas dimensiones surge a partir del papel ondulado que ha absorbido humedad y luego se ha secado, provocando pequeñas ondulaciones que vuelven a enfrentar al artista con la presencia acuosa. Para cualquier otra persona, este papel habría sido descartado. Sin tocar el fondo, Pizà empieza a dibujar sillas, camas, bancos y pequeñas construcciones precarias. El dibujo es preciso, quirúrgico, arquitectónico, desnudo, a mano alzada, continuo, a veces tembloroso. El azar hizo que el agua de coco se mezclara con la tinta y produjera manchas difuminadas con tonos rosáceos, espectros fortuitos que otorgan a las imágenes desnudas un nuevo carácter y personalidad. Este conjunto de dibujos es un sendero de mutación del artista.

Después surgen otros dibujos cuando levanta la mirada y ve palmeras. El contrapicado recorta un fragmento de la parte superior y más exuberante del árbol. Pizà se obsesiona y se encuentra, una vez más, con una especie importada a un territorio. Una especie migrante que coloniza un espacio africano remoto y humilde, sin electricidad ni vehículos. ¿Por qué alguien ha decidido hacer la isla más exótica? Y sí, como siempre, el imaginario turístico logra llegar a todas partes. Quizá a algunos les parecía que los baobabs y los manglares no eran lo suficientemente atractivos.

Tomàs Pizà pinta a partir de fotografías que toma de los lugares que habita o que encuentra en su camino. Posteriormente, ya fuera de la isla, el artista aborda la tarea de realizar telas en el estudio a partir de esos puntos de partida. Sin embargo, un conjunto de pinturas que inicia tras la experiencia de Wasini, y que ahora se muestran por primera vez, incorpora cambios sustanciales respecto a la obra que venía realizando. La estructura compositiva se resiente de la precisión y el acabado anterior; ahora gana en incertidumbre y provisionalidad, en duda, y este cambio abre nuevos caminos a su creación. En un vuelo rasante por las superficies de esta etapa emergente observamos la evaporación, las manchas que se expanden y los espacios que aparecen borrosos y disueltos. La masa pictórica compacta y acumulada se deja llevar ahora por los difuminados y las veladuras. Casi, Pizà debe despintar en lugar de pintar, o dejar de pintar. Este es el nuevo y sugerente reto. La construcción y la definición pierden fuerza y emergen otras preocupaciones. La facilidad en el dibujo cerrado y la pincelada pasa a un segundo plano para lanzarse a la incomodidad del bochorno, y esta situación acuosa y disuelta del lienzo confiere territorios inexplorados y sutiles que apuntan a nuevas atmósferas… todo aquello que el agua deja.

Un amplio espectro de sedimentos en el agua aparece con fuerza para marcar estructuras consteladas de manchas y nebulosas más o menos matéricas. El ínfimo residuo tropical se convierte en tema, en eje estructural. La adición se convierte en despojamiento.

¿Y la luz? ¿Dónde quedan las luces diurnas agresivas del mediodía? Pizà entra en nuevas luces más grises, menos amarillas, más oscuras, menos recortadas, más aguadas. El tratamiento de la luz es una herramienta fundamental en una mirada paisajista como la de Pizà, y el entorno acuoso de la pequeña Wasini determina las obras que intentan captarla. Hay otras obras que directamente tienen fondos nocturnos de azules, rojos y singulares mezclas residuales.

La pieza central de la exposición, de mayores dimensiones, es un claro ejemplo del tránsito entre lo que se pierde y lo que permanece, aún con evocaciones de elementos del viejo mundo y de otros que vislumbran el nuevo. Deleuze observa en la paradoja 23 de La lógica del sentido la oposición del tiempo en Kronos y Aion: el primero como constatación de que solo existe el presente, que el pasado y el futuro son relativos al presente; mientras que Aion es una lectura del tiempo donde solo subsisten pasado y futuro, y el presente se divide infinitamente. Y tal vez en ese tiempo del acontecimiento es donde se encuentra ahora Tomàs Pizà, pintando la vida propia, abriéndose a la incertidumbre, mudando de piel


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Tomás Pizá (Palma de Mallorca, 1983) desarrolla una práctica artística situada en el cruce entre la pintura y la arquitectura. Su trabajo explora las relaciones entre paisaje, territorio y memoria, atendiendo tanto a entornos urbanos como a paisajes naturales y a las transformaciones que la acción humana introduce en ellos.

Estudió arquitectura y Bellas Artes entre Madrid, Milán y Alghero. En 2009 obtiene la licenciatura en Bellas Artes y en 2012 el título de arquitecto en Madrid. Entre 2017 y 2019 cursa el máster no oficial del Turps Painting Programme en Londres. Tras ello regresa a Mallorca y actualmente vive y trabaja en Palma. Es profesor del grado de Edificación en la UIB y de Bellas Artes en ADEMA-UIB, y compagina la docencia y el arte contemporáneo con la práctica profesional de la arquitectura.


La Galeria Pelaires ha rebut una subvenció del Consell de Mallorca per a la realització d'aquesta exposició.