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Recent paintings
GIRBENT

Desde el 22 de marzo


Diálogo entre Arturo Castro y Girbent
(Transcripción de un fragmento de una entrevista para la TV mexicana)


Arturo Castro: En tu serie de pinturas más reciente, te has enfrascado en lo que parece una revisión de un género tan incardinado en la tradición pictórica occidental como el «Interior con figura» ...
Girbent: El diálogo con la tradición pictórica ha sido una constante en mi trayectoria.


Pinturas de mujeres, de parejas de un mismo sexo... ¿Propones con estas obras alguna reivindicación concreta?
Los referentes para estas pinturas —aunque proceden mayormente del ámbito cinematográfico— han sido elegidos por su conexión con la tradición y por su potencial para mi experimentación pictórica.


¿Experimentación pictórica? Me parece que tu técnica es muy clásica...
Admito que busco inspiración en los mejores, y si los mejores son de tres siglos atrás... pero detrás de cada obra hay un anhelo de experimentación en el sentido de lograr para cada imagen concreta su mejor «traducción en pintura» posible.


Me llama la atención lo de «traducción en pintura» ...
Creo, con Borges, que en la traducción reside uno de los meollos centrales de la cuestión estética. Coger prestada o «robar» una imagen ya estéticamente elaborada y repetirla en otro arte (o sea, traducirla), desplegarla transfigurada en otro contexto, es una operación modesta pero creo que audaz, radicalmente contemporánea.


Nunca sueles partir de cero en tus creaciones...
He renunciado a muchos de los preceptos centrales de la modernidad. Prefiero trabajar en márgenes acotados: domina en mi trabajo la pulsión de repetición, recreación y variación.


Interesante, pero no creas que no me doy cuenta de que has preferido eludir una respuesta directa a la pregunta acerca del mensaje que quieres transmitir con esta serie...
No tengo especial interés en los temas de moda, menos todavía en todo lo relacionado a lo «políticamente correcto». Y que conste que procuro no trabajar nunca «a la contra» de nada... simplemente «no milito». Ya hay muchos artistas, algunos de ellos muy grandes, que lo hacen. Yo simplemente elijo hacer mi aportación en otro lado, en otra esfera.


¿Qué lado? ¿Qué esfera?
Pues donde siempre han estado mis intereses todos estos años: en una incesante exploración del sentido, las posibilidades y los límites de la práctica de la pintura en el siglo XXI, la época de internet (y ahora también de la IA.). Derivo la responsabilidad del mensaje que transmiten las imágenes a sus autores originales (risas).


Cuando admites una autoría previa para las imágenes de tus pinturas, entiendo que es porque sigues perseverando en tu modus operandi habitual: rastrear los archivos de la red a la búsqueda azarosa de imágenes de otros que eliges porque expresan plenamente tu sentir...
Sí... o por todo lo contrario (risas). La parte de responsabilidad que yo asumo es la que se refiere a la conversión de estas imágenes robadas en otra cosa, en imágenes saturadas de humanidad.


Imágenes transfiguradas pero también descontextualizadas respecto a su origen...
Desde Duchamp, sabemos que cualquier objeto descontextualizado es susceptible de ser Arte. En mi caso, se trata de imágenes sacadas de su contexto original, transformadas en otra cosa en virtud de las potencias de la pintura —que siempre trastoca todo cuando interviene— y vueltas a mostrar en un ámbito distinto.


¿Estás hablando de una especie de autoría compartida?
Me gusta verlo como que estas imágenes pintadas devienen sutiles palimpsestos: obras en las que se solapan las intenciones del artista original con las mías, de manera que el arte del primero se entrevera con el mío. Un sutil solapamiento de espíritus.


Entonces, tus pinturas serían objetos complejos, pero que no contienen un mensaje determinado...
Veo que insistes... Solo puedo decirte que tengo una cierta inclinación por las mensajes sutiles e indirectos —en caso de que haya alguno— antes que por los mensajes directos. Creo el arte no tiene por qué ser didáctico, esto es, útil, y mucho menos todavía, dogmático, estar al servicio de ideología alguna.


Entiendo que no crees en el arte comprometido...
Me centro en lo que yo estoy comprometido: una innegociable aspiración a la excelencia y una incesante reflexión acerca de la pintura como medio con relación a unas reglas del juego muy distintas respecto a las de la modernidad.


¿Asumes entonces que los desafíos del mundo actual no te interesan y, en consecuencia, no se reflejan en tu obra?
Por lo menos no directamente. Entiendo mis pinturas como singularidades

autónomas, ontológicamente complejas, que funcionan como puntas de iceberg, postulando algo que subyace tras ellas, esto es, un mundo Girbent caracterizado —te lo concedo— por estar poco influido por lo inmediato. Prefiero tomar distancia con las urgencias del presente. Mira, no quiero engañar a nadie: me interesan más los postulados de la Ética de Spinoza que los de la cultura Woke, por poner un ejemplo.


Muy atrás se remontan tus intereses...
Mis intereses son múltiples y variados (últimamente estoy fascinado por la traducción de Zabaloy de Finnegans wake de Joyce). Pero sí, me declaro culpable de estar abducido por los pensadores barrocos, con Spinoza y Leibniz a la cabeza... y Bach en música, y Velázquez en pintura...


¿No es una actitud extraña, incluso podríamos decir ligeramente reaccionaria, para un artista contemporáneo ?
Si tener como estímulo uno de los periodos más sobresalientes de la historia de la humanidad en lo que a excelencia en la producción de arte se refiere es ser reaccionario, pues... (risas)


Se podría formular entonces de otra manera... ¿Tu actitud respecto al arte es contracultural?
Es posible que la contracultura no sea una mala opción hoy... y se disparan las paradojas (que amo) cuando pienso que podríamos estar hablando de contracultura respecto a fuerzas contraculturales en su origen, pero actualmente imperantes.


No estoy seguro de seguirte... Para aclararme, resúmeme como entiendes, en definitiva, el arte
Entiendo el arte como un último refugio, ámbito de lo lúdico y lo lúcido, frente al acoso de poderosas inercias: desde el poder fagocitador del mundo del espectáculo y el banal entretenimiento hasta la tiranía de lo políticamente correcto.